Los procesos mentales, detrás de la cultura

 

Hablar sobre la cultura en las relaciones internacionales es como tratar de escribir las fracturas de nuestra civilización, sin embargo es una buena oportunidad de retomar nuestros orígenes y quizá comprender por qué el hombre tiene la tendencia a repetir su historia. 

 

Es fundamental conocer los cimientos de nuestra cultura “diplomática”. Dicha labor es sumamente compleja, porque por alguna extraña razón consideramos primero los factores externos (como las organizaciones, instituciones, empresas, mercado etc.) y no fue hasta los años 20’s, por los genocidios en Armenia, donde se inició a incluir al sujeto. A partir de este último factor nos encontramos con la labor de estudiar de una manera más metódica, comprobable y científica al individuo, y descubrimos que independientemente de la nación donde pertenezca, tiene su propia realidad subjetiva, la cual se desarrolló conformesus componentes genéticos e interacciones directas o indirectas con su cultura.

 

Para que siga existiendo tal cultura, es necesaria la aculturación, a lo que yo resumo como: un mecanismo de adaptabilidad (la colonización es el ejemplo más común) que transforma al sistema y da pie a la diversidad. Misma que se le impusieron estándares de “normalidad” o reglas establecidas por una sociedad moderna, que se atribuye el deber de guiar a la otra, hasta transformarlo en uno más. 

 

De ahí nos podemos plantear, ¿Quién nos da el derecho depensar que nuestra ideología es superior a la del otro?, ¿Por qué lodiferente merece el castigo, la crítica, la etiqueta o el asilamiento? Acordémonos que las sintomatologías o enfermedades psicológicas despiertan por el contexto. La existencia de ciertos comportamientos se les otorgó un significado y estos fueron asimilados en la infancia de manera adaptativa, no es hasta el momento en que se cambia a un entorno con distintas reglas de convivencia, cuando emerge el conflicto, provocando un re(nuevo)-significado de dicho comportamiento. Irónicamente la misma cultura que enfermó al sujeto es la que lo cura. 

 

Para sanar nuestro malestar en la cultura no se debe optar por ideologías radicales como el internacionalismo proletario o el cosmopolitismo. La mejora se encuentra en conocer antes las limitantes de nosotros mismos y posteriormente la de los sistemas. Es esencial aceptar que el hombre tiene cierta predisposición en separar las cosas para un mayor entendimiento del mundo. Como postura me atrevo a decir que el hombre por naturaleza clasifica, esto se puede apreciar en los procesos mentales, específicamente en la memoria, donde todas nuestras experiencias se simplifican como mecanismo de supervivencia para una respuesta rápida. Sin embargo, esta habilidad no debe caer en la fragmentación como existencia separada. 

 

Tenemos que vencer estas fronteras culturales con una herramienta que posee el hombre desde su desarrollo, la reflexión del otro, o como se le llama popularmente: empatía. Para poder ir en contra de los prejuicios y el etnocentrismo, sirve como llave hacia una visión y actitud abierta frente a lo nuevo, permitiendo la convivencia humana, porque acuérdense que gracias a los ojos del otro, toma sentido nuestra existencia. 

 

Colaboradora: Gemma Loredo Ferrari