La mujer y la salud mental

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define salud, no sólo como la ausencia de enfermedad, sino como un bienestar físico, social y mental. La salud mental está relacionada con nuestra forma de vivir, con nuestras relaciones y afectos, con nuestra vivienda, nuestro trabajo, nuestra alimentación y con la forma de cuidarnos a nosotros mismos; con lo que sentimos hacia nosotros, nuestros proyectos y actividades, nuestra forma de disfrutar y percibir al mundo, de afrontar problemas y conflictos de la vida diaria. 

 

Las mujeres tienen un mayor riesgo a enfermedades mentales, por factores como realizar trabajos sin remuneración; como el cuidado de hijos, las tareas domésticas y el cuidado de otros familiares; en ocasiones tienen problemas económicos o no forman parte en las decisiones financieras, son más propensas a sufrir violencia por parte de sus parejas y son menos proclives al acceso a factores protectores como la educación, empleo bien remunerado y decisiones políticas.

 

Han existido muchos mitos e ideas falsas en relación a la salud mental de la mujer, se consideraba que por la presencia de los ciclos hormonales eran más propensas a la depresión, a la irritabilidad o a los cambios de humor; sin embargo, ahora se sabe que dicho aumento de prevalencia de depresión, ansiedad, somatizaciones y trastornos de conducta alimentaria son condicionados en mayor porcentaje por factores psicosociales de género y exceso de estrés.

 

Ser mujer en nuestra sociedad no significa lo mismo para todas, se viven diferentes realidades dependiendo de su entorno, economía, edad, educación, trabajo y familia. Pero a pesar de las diferencias existen sentimientos, experiencias y situaciones que comparten como colectivo. 

 

Hace algunos años, ser mujer significaba dedicarse únicamente al cuidado de la familia, sin posibilidad de elección y decisión, había que seguir normas sociales y valores culturales que marcaban la forma de ser, sentir y comportarse, generándose así barreras psicológicas que impedían la libertad de decidir sobre sus propias vidas. 

 

Ahora las mujeres han realizado importantes cambios, tanto individuales como colectivos, accediendo a mayor educación, independencia económica, cambiando la forma de vivir la maternidad, la sexualidad, las relaciones y las actitudes en general; sin embargo estos cambios requieren esfuerzos quegeneran tensión.

 

Si bien las mujeres pueden sentir que están cambiando, pueden llegar a percibir que ni los varones, ni la sociedad como tal, las acompañan en dicho cambio. El hecho de que algunas mujeres dediquen la mayor parte de su tiempo al trabajo doméstico puede ocasionar insatisfacción y aislamiento social, ya que es repetitivo y monótono, sin horarios y sin vacaciones, sin remuneración y no genera derechos laborales. Pero sobre todo, que esta poco valorado y reconocido socialmente. Todo esto a pesar de que implica la responsabilidad de la educación de los hijos y del cuidado del bienestar y salud de toda la familia. 

 

Las mujeres que tienen empleos suelen pasar por otras inclemencias, como no ser tratadas igual que sus compañeros varones, sufrir discriminaciones, recibir sueldos menores o que con frecuencia los hombres no compartan la responsabilidad del trabajo doméstico viéndose obligadas a realizar doble jornada.

 

El relacionarse con personas que nos hacen sentir bien, que nos apoyan y nos quieren, con las que se pueden compartir alegrías, proyectos y sueños, ayudará a mantener una buena salud mental. Hay que poner un horario al trabajo en general para realizar actividades, divertirse y relacionarse con los demás. Al compartir responsabilidades con la pareja y buscar ayuda en su red de apoyo, cambiando la actitud y organizando la vida social y laboral, será más fácil que disfruten las diferentes facetas de su vida.

 

Colaborador: Dr. Rodrigo Hervert Rivera

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