Autismo

 

El Autismo, es un trastorno neurobiológico que se manifiesta durante los primeros tres años de edad y perdura a lo largo de la vida. En realidad los trastornos del espectro autista, son un grupo de trastornos complejos que se distinguen por patrones de comportamiento repetitivos y dificultan la comunicación y la interacción social, afectando así el funcionamiento. Se denomina espectro ya que abarca una gran gama de síntomas y de grados de discapacidad, habiendo desde sujetos que pueden ser capaces de realizar todas sus actividades, hasta aquellos que requerirán apoyo para la realización de actividades básicas.

Los niños tienen más probabilidad de presentarlos que las niñas. Cuando son bebés, los pacientes que padecen esta condición, pueden verse diferentes si se comparan con otros de la misma edad, se enfocan excesivamente en algunos objetos, rara vez hacen contacto visual y no participan en los jugueteos típicos con los padres. En otros casos pueden tener un desarrollo normal hasta los dos o tres años de edad y posteriormente comienzan a aislarse y a volverse indiferentes al medio social.

Los síntomas principales son la deficiencia persistente en la comunicación e interacción social y los patrones repetitivos de comportamiento, intereses o actividades.  Los niños con trastornos del espectro autista evitan el contacto visual con otras personas y solo interactúan con otros para lograr metas específicas, no entienden como jugar y prefieren aislarse, tienen dificultad para comprender los sentimientos de los demás y de hablar de los propios. Pueden tener capacidades verbales diferentes, desde no hablar hasta hablar con fluidez, pero tienen dificultad para usar o entender señales no verbales como el lenguaje corporal o el tono de voz. Muchos niños con estos trastornos realizan movimientos repetitivos e inusuales, pueden llegar a obsesionarse con temas en particular y suelen depender tanto de la rutina que los cambios en la misma generan grandes retos, llegando a enojarse o hacer rabietas cuando se encuentran en ambientes nuevos o con muchos estímulos.  

El diagnóstico del autismo es clínico y el comportamiento de los niños con este trastorno va cambiando a lo largo del desarrollo; los síntomas pueden variar mucho de persona a persona dependiendo de la gravedad, pudiendo llegar a pasar desapercibidos en casos leves.

Algunos indicadores tempranos que requerirán evaluación son: Falta de balbuceo al año de edad, ausencia de palabras a los 16 meses, o de frases a los 2 años, no responder a su nombre, pérdida del leguaje o habilidades sociales previamente adquiridas, contacto visual inadecuado y falta de sonrisa o de respuesta social. 

Algunos indicadores más tardíos incluyen: Dificultad para hacer amigos, dificultad para iniciar o sostener conversaciones, uso repetitivo o inusual del lenguaje, preocupación con ciertos objetos o temas, presencia de rituales o rutinas inflexibles.  

Una evaluación completa requerirá de un equipo multidisciplinario, incluyendo psicólogo, neurólogo, psiquiatra y terapeutas de lenguaje. El juego se ha considerado la actividad idónea para favorecer la observación del comportamiento en niños, evaluando capacidades motoras y verbales, esto junto al uso de entrevistas y aplicación de escalas, nos ayuda a tener una información lo más amplia posible para realizar un diagnóstico adecuado.  

Los trastornos del espectro autista no tienen cura, las terapias serán encaminadas a reducir sintomatología específica y para mejorar áreas que le permitan un funcionamiento mejor, el inicio temprano de la atención médica puede impactar de forma positiva al pronóstico. Además es recomendable una adecuada consejería familiar para padres y hermanos que por lo general ayudará a enfrentar los retos de vivir con un niño con este trastorno. En relación al uso de medicamentos, si bien estos no curarán el padecimiento ni tratan los síntomas principales, pueden ayudar en algunos casos a mejorar síntomas de ansiedad, depresión o impulsividad que se presentan en estos trastornos, además de ser útiles en problemas de comportamiento graves y cuando hay presencia de crisis convulsivas. 

Colaborador: Dr. Rodrigo Hervert Rivera

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