Trastorno de Personalidad Múltiple

El trastorno de identidad disociativo, antes conocido como trastorno de personalidad múltiple; es un trastorno caracterizado por la presencia de 2 o más estados de personalidades (o identidades), las cuales aparecen de forma alternada. Este padecimiento incluye la incapacidad para recordar acontecimientos vividos, información personal o eventos estresantes que normalmente no se olvidarían. Cada identidad puede llegar a tener un nombre, una historia personal y características únicas, como diferentes voces, género, o cualidades físicas.

Por lo general ocurre en personas que experimentan eventos traumáticos importantes en la infancia; el abuso crónico, ya sea físico, sexual o emocional y el abandono durante la infancia, son factores encontrados frecuentemente en este tipo de pacientes. Estos niños van desarrollando con el paso del tiempo la capacidad de escapar del maltrato, esto lo hacen “ausentándose” o separándose a sí mismos de su ambiente.

Son muchos los síntomas característicos de este trastorno, el síntoma principal es la presencia de múltiples identidades. Podemos diferenciar la forma “posesiva” de la “no posesiva”. En la primera, las identidades son fácilmente evidentes para familiares y personas que le rodean y el actuar de cada una de las personalidades es diferente, como si fueran diferentes personas. En la forma no posesiva, las diferentes identidades a menudo no son tan evidentes, los pacientes sienten que son un observador de su propia vida o como si estuvieran viendo una película de sí mismos en la que no tienen control. Pueden tener pensamientos, impulsos o comportamientos repentinos que no parecen pertenecer a ellos, las cuales pueden cambiar de forma repentina.

Otro síntoma que se encuentra es la amnesia; se manifiesta como lagunas de acontecimientos personales pasados, pérdida de memoria inmediata, por ejemplo, situaciones que pasaron el mismo día o pérdida de habilidades bien aprendidas. Los pacientes pueden descubrir cosas en casa o en sus pertenencias que no logran explicar o reconocer, o encontrarse en sitios a donde no recuerdan haber ido o no saben cómo llegaron ahí.

Puede existir la presencia de alucinaciones visuales, táctiles u olfatorias, por esto pueden erróneamente recibir diagnósticos de trastornos psicóticos como esquizofrenia. Se pueden también encontrar asociados a este padecimiento cuadros de depresión, ansiedad, abuso de sustancias, crisis convulsivas y disfunción sexual;  además de disfunción social, familiar y personal.

El diagnóstico es clínico, para llegar al diagnóstico son necesarias largas sesiones de psicoterapia acompañadas en ocasiones de fármacos que puedan facilitar el descubrimiento de las diferentes identidades. El uso diario de apuntes por parte del paciente puede ayudar de forma importante. El tratamiento incluye medidas de apoyo, por ejemplo, tratamiento farmacológico para el manejo de síntomas, pero la base del tratamiento es la psicoterapia focalizada en la integración a largo plazo de las identidades.

En el caso de los pacientes que no puedan o no sean capaces de llevar una adecuada integración, el tratamiento buscará facilitar la colaboración y cooperación entre las identidades para disminuir los síntomas. La prioridad es estabilizar al paciente y garantizar su seguridad. Algunos pacientes requerirán hospitalización para monitorización continua.